El mundialito de la dignidad: cuando el fútbol popular le hace un gol al fascismo en Neiva

Por: DARWIN, Fotografia Atarrayo

Mientras la ciudad apenas despertaba tras una noche de fiesta popular y el sol de las 8:00 de la mañana empezaba a calentar el asfalto en pleno fin de semana festivo, el fútbol esa pasión que mueve multitudes se convirtió en la excusa perfecta para encontrarse. El escenario no fue un gran estadio, sino la cancha del Malecón de Neiva; el motivo: un mundialito en pro de la vida.

Como ha sido costumbre, la cancha cobró vida gracias al apoyo incondicional de la familia Quinayas, quienes, con un café humeante en la mano, recibieron y cobijaron a cada uno de los deportistas, recordándonos que la comunidad se construye desde el afecto y la hospitalidad.

En las planillas de este mundial no se leía el nombre de Messi, pero estaba el ‘Che’; no jugaba James, pero figuraba Fausto; tal vez no destacaba la gambeta de Richard Ríos ni la velocidad de Luis Díaz, pero allí estaban Óscar y Garay. Nombres que no compiten por el Balón de Oro en Europa, pero que desde que tuvieron conciencia social no han dudado en gritar su inconformismo, peleando en las calles por la dignidad y los derechos del pueblo colombiano. Para ellos no importa el cansancio ni el momento: siempre están listos para ponerse la camiseta del cambio.

El panorama ofrecía un contraste poético y crudo. A pocos metros de las opulentas e imponentes tarimas privadas de las fiestas del San Pedro, en un espacio modesto pero recuperado por la gente, se disputaba una auténtica lucha de guerreros y guerreras populares en busca de la tan anhelada paz.

Porque este no era un encuentro exclusivo de hombres. En la línea de cal, sudando la camiseta o sosteniendo la palabra, estaban Luna, Estefany, Erika, Sandra, Laura y muchas otras compañeras que han entregado su vida a las luchas dignas de las mujeres. Ellas, que batallan a diario por la libertad, por los derechos frente a un sistema indiferente, demostraron que la resistencia también se escribe en femenino.

Una vez más, el fútbol popular, tejido alrededor del calor de la olla comunitaria, demostró su papel fundamental en la unidad y la defensa del territorio. En esa cancha quedó claro que, a pesar de los matices y los muchos apellidos que pueda tener la izquierda, todos los corazones se fundieron en un solo grito que convoca al pueblo colombiano a defender la vida y a no dar un solo paso atrás.

Aunque la marea se mire grande y tempestuosa, siempre habrá un pueblo dispuesto a plantarse con un balón para hacerle un gol al fascismo y continuar la marcha por la dignidad. Porque nuestros hijos e hijas no nacieron para alimentar la guerra; son para la vida, para el arte, para el deporte con dignidad y justicia social.


Por eso, cada uno de estos jugadores de la vida, y tantos otros que el espacio no alcanzaría a nombrar, tienen claro su norte político y respaldan las propuestas de Iván Cepeda y Aída Quilcué en las urnas. La pelota ya está rodando en la cancha de la historia, y la pregunta final no es para los futbolistas, sino para usted que lee esta nota: ¿Va a votar por la vida o por la guerra? ¿Prestaría usted a un hijo para la violencia?

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