Tras 30 años sin saber de él, la familia de Facundo Cleves recibió la mejor noticia justo el día en que él cumplía 74 años: lo encontraron con vida. Facundo había desaparecido en 1996 durante unas marchas campesinas en Albania, Caquetá. Aunque pasó mucho tiempo, su sobrino Luis Soto nunca perdió la esperanza y, gracias al apoyo de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), lograron ubicarlo en Puerto Guzmán, Putumayo. Este emotivo reencuentro puso fin a tres décadas de angustia familiar y demostró que el milagro de volver a verse es posible.

La travesía de Facundo es el reflejo de una herida abierta que late en el sur del país, una región donde la búsqueda no tiene fronteras. Hoy, su historia de reencuentro es el faro de esperanza para las familias de las 10.616 personas que aún figuran como desaparecidas en los departamentos de Huila, Caquetá y Putumayo. A través de ocho Planes Regionales, la UBPD despliega sus esfuerzos en 66 municipios, tejiendo una red de investigación humanitaria que se nutre del coraje de 3.344 personas buscadoras que han aportado sus invaluables relatos y muestras biológicas.

En esta carrera contra el olvido, el trabajo territorial ha logrado arrojar luz sobre la tragedia. Hasta la fecha, la persistencia de las instituciones y las comunidades ha permitido encontrar a 53 personas con vida, recuperar 390 cuerpos y realizar 80 entregas dignas que cierran ciclos de profundo dolor. Aunque las cifras varían según el departamento —4.746 desaparecidos en Caquetá, 4.109 en Putumayo y 1.761 en Huila—, el objetivo es unificado: explorar los 1.115 sitios de interés forense para llevar la verdad a los hogares que aún esperan frente a la puerta.
Pero el camino está minado de desafíos monumentales. Llegar a las respuestas implica adentrarse en cementerios, ríos y espesas zonas rurales donde la guerra impuso sus reglas, lo que exige establecer corredores humanitarios y cimentar la confianza con las comunidades. Como destaca Andrea Jiménez, coordinadora de la Regional Sur de la UBPD, el proceso se construye hombro a hombro con quienes habitan el territorio, sabiendo además que encontrar los cuerpos es apenas la primera fase del inmenso reto forense que representa identificarlos y devolverles su nombre.

